El Kanka y la virtud de la sencillez

El Kanka y la virtud de la sencillez

Recuerdo cuando, con motivo de la presentación de su tercer disco, decidí ir con unos
amigos a un centro comercial del centro de Madrid para escucharle cantar. Fuimos pronto.

El Kanka ya era un artista relativamente conocido y no queríamos quedarnos sin sitio. Para
nuestra sorpresa, el espacio que le habían reservado no era especialmente grande y la
mayoría de los asientos esperaban ser ocupados.

El sábado, cinco años después, tuve la oportunidad de encontrarme de nuevo con su
música en directo. Otra vez en Madrid. Pero en esta ocasión, él no estaba acompañado solo
por su guitarra, sino por su banda habitual, y en el público no había 13 personas, sino
8.000.

Es curioso como el tiempo acaba dando la razón al que la merece. En estos 5 años, El
Kanka no solo ha conseguido llevar su canciones más a allá de nuestras fronteras,
colaborar con artistas de renombre o llenar uno de los escenarios más grandes del país. Lo
que El Kanka ha conseguido es abrazar el valor de su propio trabajo y comprender el poder
que tiene en las personas.

Si alguien que no conociese su música, apareciese en medio de la muchedumbre que
abarrotaba el Wizink Center, sería incapaz de definir de qué se trataba el evento. El público
se componía de un espectro de todas la edades y era fácil encontrarse con niños y sus
padres, grupos de jóvenes o parejas de abuelos.

Y ahí es donde se halla su virtud. En la capacidad de expresar con simpleza conceptos
universales y de gran profundidad. Un artista que es para todos los públicos, pero no por
banalidad, sino por su capacidad de conquistarlos. Y es que si El Kanka conquista es por su
mensaje, pero también por su forma de transmitirlo. Así como no es fácil hacer pensar a las
personas, no es fácil generar un sentimiento de felicidad común. Y el artista malagueño lo
hace, y lo hace muy bien.

En el concierto se pudo comprobar su atrevimiento para jugar con diferentes ritmos y con
una banda que no solo demuestra un cariño profundo por la música que hacen, además, se
entienden perfectamente con el artista y hacen del concierto una experiencia que en
ciertos momentos va más allá de la música.

Por suerte, el último concierto es solo un punto seguido para el artista que ya se encuentra
preparando su próximo trabajo. Un trabajo que, esperemos, forme parte de la obvia
evolución de las que ha dado muestra su música. Solo queda entonces darle las gracias,
por recordarnos de nuevo la virtud de la sencillez.

Manuel del Solar

Periodista Multiplataforma y Datos | Escribo en elfosforo sobre arte y cultura. Twitter: @madelsolfern

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