The Irishman, Mafia desde la pantalla pequeña

The Irishman, Mafia desde la pantalla pequeña

Quizá la mejor forma de valorar la última obra maestra de Martin Scorsese, The Irishman, sea
haciendo referencia al lleno absoluto de la Sala 2 de los Cines Verdi en la tarde del 27 de
noviembre. Se respiraba una atmósfera de cine, un aire puro en el que se mezclaban los
alientos de los más veteranos nostálgicos del cine negro, con las frescas exhalaciones de sus
discípulos noveles, ansiosos por devorar de una vez por todas, el estreno en la gran pantalla de
una película de culto, ansiosos por poder presumir en un futuro a sus hijos, de haber
presenciado en directo el símil de ese Uno de los Nuestros del que tanto les hablaron sus
padres, y del que no se han cansado de ver una y otra vez en VHS.

La ocasión era única, 209 minutos de largometraje se mantenían a la espera, impacientes por
sentar a los más rezagados espectadores, pero al fin, se hizo el silencio y se obró el milagro,
Martin Scorsese lo volvía a hacer.

Y ese es el resumen de la actuación de los asistentes de la Sala 2 del Cine Verdi, el silencio.
Durante las más de tres horas de película nadie se atrevió a producir ni el más mínimo sonido,
ni un ínfimo estornudo que pudiera interrumpir la asombrosa creación del director italo-
americano, que consiguió cautivar en la noche del 27 de noviembre a más de 80 almas
necesitadas de emoción y espectáculo, y que supieron valorar la calidad de su film mostrando
el más absoluto respeto y entusiasmo que sus corazones gánsteres les permitían.

The Irishman es todo un homenaje al casi extinto cine negro y de mafia que tantas salas había
llenado en la década de los 80. Y es también, un homenaje a sus protagonistas, no sólo para
Scorsese, que cierra un círculo dorado y que completa su brillante filmografía negra, sino que a
su vez, recoge a todas las estrellas que le ayudaron a trazar el camino, ofreciéndoles una
película atemporal y diferente, que reúne a genios de la interpretación como Robert de Niro,
Al Pacino, Joe Pesci o Harvey Keitel.

La profundidad de los diálogos, la narración en primera persona de la historia (realizada por el
personaje de De Niro, Frank Sheeran), al estilo del Henry de Ray Liotta en la ya mencionada
Uno de los nuestros, y los sensacionales puntos cómicos que pivotan con el alto grado de
violencia propio del género, proporcionan al espectador la mayor de las morriñas que un
cinéfilo puede sentir, provocan la sensación de viajar a las Malas Calles de la “pequeña Italia”
de Nueva York, o a la corrupta ciudad de Boston de Frank Costello en Infiltrados.

Scorsese presenta además la historia de la desaparición Hoffa, virtuosamente interpretado por
Pacino, creando percepciones contradictorias entre los espectadores, que llegan a amar con el
más profundo de sus sentimientos al sindicalista, a pesar de sus múltiples delitos fiscales, y
desdeñando asimismo la realidad del relato con un envoltorio contextual extraordinariamente
narrado.

Aún así, el principal motivo de alago para el film del veterano director, es su exposición
majestuosa del fondo de la lealtad, la soledad y la vejez dentro de la mafia más cruenta,
encarnada por el siempre deslumbrante Joe Pesci y por el verdadero protagonista de la
película, Franck Sheeran (Robert de Niro), que una vez inmerso en el mundo criminal, se ve
sumergido en una dicotomía existencial entre sus principios personales y familiares y los
valores y la fidelidad a la que se debe como partícipe de las violentas actuaciones de la mafia.

The Irishman es un alegato al buen cine, la obra culmen de Scorsese, que cierra un ciclo
antológico y recoge a su vez la carrera de sus actores fetiche, aquellos que emocionaron a todauna época de cinéfilos, y que ahora treinta años después, lo vuelven a hacer para las nuevas
audiencias, aunque sus arrugas y vestigios sean testigos del inexorable paso del tiempo, que al
fin y al cabo, también transcurre para los capos de la mafia.

Serafín Fernández Noguera – @Sera_fernandez800

Sera Fernandez

Periodista amante del cine negro y los Rolling.

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