El Irlandés y los pesos pesados del cine de mafiosos

El Irlandés y los pesos pesados del cine de mafiosos

El Irlandés Empezar con un plano secuencia en el que recorremos una residencia de ancianos y acabamos viendo a un Robert De Niro sentado en silla de ruedas y con el pelo canoso, es toda una declaración de intenciones. Que solo Netflix se ofreciera a producir una cinta como El Irlandés dice mucho de nosotros como público. 

Robert De Niro, encarna al irlandés, un veterano de guerra que estuvo unido a algunas de las personalidades más importantes del país. Entre ellos, estuvo el sindicalista Jimmy Hoffa, interpretado por un omnipotente Al Pacino.

En la ecuación actoral no hay que olvidar a Joe Pesci. En una obra tan coral como esta se hace imprescindibles los actores secundarios. Encabezados por Pesci, todos ellos están sobresalientes y no encontramos ninguna nota discordante en el que seguramente sea uno de los mejores repartos que hemos visto en años.

Quizá sea el paso del tiempo uno de los aspectos que más juega en contra de la cinta. En El Irlandés se ha utilizado la tecnología para mostrar a los actores en distintas etapas de sus vidas. Uno de los más afectados por esto es Al Pacino, a quien podemos ver con notables cambios físicos en diferentes secuencias de la película que pertenecen a la misma línea temporal dentro de la ficción.

Cuando aparecen este tipo de películas suelen surgir dos corrientes: las que colocan el film como toda una obra maestra en el séptimo arte y los que intentan calificarla de obra menor. Como suele pasar con casi todo en la vida, ni una ni otra. El Irlandés se mueve en una escala de grises propia del cine de mafiosos.

Los guiños al subgénero de mafiosos están presentes durante todo el metraje. Sin entrar en spoilers, podemos afirmar que las escenas en juzgados y algunas ejecuciones nos van a recordar a esas películas tan famosas de un tipo que se llama Francis Ford Coppola. Después de Coppola, Scorsese sea probablemente el mejor nombre posible para dirigir una cinta de estas características.

Por suerte, esta no es una obra de disparos con poca relación entre ellos. Esta es una obra reflexiva y de ritmo pausado que de forma cruda relata el poder de la organización criminal en Estados Unidos. La obra no se adapta a las velocidades de un blockbuster pero cuenta con ciertos toques humorísticos que la dinamizan para que el espectador no piense en parar la película (algo que sería imposible en una sala de cine).

Martin Scorsese sabe que la mayoría de los espectadores verán la película a través de la televisión, incluso, algún valiente habrá, que lo haga en su teléfono móvil. Por eso mismo, el poderío visual de El Irlandés está más presente en el uso que Scorsese hace de la cámara, que en la bello que sea lo que se muestre a través de ella.

Los planos medios son un recurso repetitivo. Esta es una de las directrices que Netflix suele dar a sus directores. Esto se debe, a que un abuso de los planos generales dificultaría la visión del producto en dispositivos móviles, algo que hacen la mayoría de los usuarios de la plataforma. A pesar de resultar lógico, resulta ciertamente triste, ya que algunos de los planos más bellos o más simbólicos, no se ajustan a las directrices de Netflix.

Lejos de spoilers se puede afirmar que la última escena tiene una carga simbólica y emocional como pocas en los últimos años. El Irlandés no es una película tanto de traiciones y venganza como podría parecer. Martin Scorsese firma una cinta donde la redención de Frank Sheeran, al que apodan “El Irlandés”, es el tema principal de la obra.

 

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