Microrrelato de romance: Una historia de amor en Gipuzkoa

Microrrelato de romance: Una historia de amor en Gipuzkoa

Nadie se dio cuenta de nuestra conexión magnética de aquella noche. Aunque fuese una noche de verano, el frio se asomaba con demasiada fuerza de madrugada. Estábamos a 600 metro de altura, en un pueblo remoto, pero a la vez, cerca de nuestro hogar. Nos hablamos sin presentarnos, seguimos la conversación hasta que nuestros conocidos interrumpieron con nuestros nombres. Ninguno sospecho lo que ocurriría entre nosotros.

Todo comenzó con risas flojas, que con el paso de los minutos se convirtieron en tontas. Las estrellas nos guiaban en cada momento en aquel camino oscuro, nos ayudaron a conocernos, a profundizar y a conectar mejor. Misterios de la astrología que nosotros dos confirmamos entre la ciencia. Además, los extraterrestres nos hicieron confidentes supremos.

Cegados de la electricidad, nos compartimos el número de WhatsApp, pues otras redes sociales no eran de agrado. Cuando nos separamos de ese momento tan intenso y mágico, cada uno desde su rincón, dimos el paso de espiarnos mutuamente en internet. Nos mostrábamos muy diferentes a la realidad; felicidad y éxito (mostrábamos los dos), en mi caso además, amigos inseparables, comidas gourmet, fiestas interminables, vacaciones en lugares de moda… Compartíamos todos los rasgos que nos pedía a los millenials. En cambio, en persona nos transmitimos pensamiento, amistad, amor y comodidad.

Después de levantarnos, solo cuatro horas separados, teníamos la ansiedad de vernos. No pudimos aguantar tanto tiempo con una distancia irreconocible de milésimas. Nos escribimos casi a la vez. Quedamos a desayunar en Donostia, como si fuésemos turistas en nuestra propia tierra, para no ser la mirada fija del cotilleo en nuestros pueblecitos natales.

Croissants, al puro estilo parisino, y un café con leche eran el acompañamiento perfecto a nuestro encuentro. Todo parecía la ciudad del amor, no la conocida, sino la nuestra: Donostia. Bella por todos los lares, edificios emblemáticos con arquitectura detallista, un amanecer rosa y tintes naranjas decoraba la situación convirtiéndola más inolvidable, y como no, la playa de la Concha en nuestro pies, con la orilla peinándonos.

Los silencios no existían, no querían aparecer, mas cuando lo hacían eran muy dulces y suaves. Lo nunca sentido. Así, las palabras las comenzamos a comunicarlas en caricias, besos y abrazos. Hasta en el escondite nos veíamos sin problemas. Aún con el cielo nublado, nuestros ojos claros relucían en aquello que contemplábamos.

Después de Donostia, nos trasladamos a más lugares cercanos, lejanos, islas, montes, aire, tierra… Cada lugar convirtiéndolo en una ciudad del amor, cada una con una historia, y cada una de ellas interminable.

De esta manera, esperamos haberos alegrado la tristeza que escondíais en vuestro interior, y sacaros una sonrisa tonta de vuestros labios.

Uxue Martin

Me presento como una artista visual pelimorada. Aunque mi estudio oficial es el periodismo, la escritura creativa y la fotografía son mi pasión. De esta manera, podreís ver un poco de ellos en ElFósforo.es. También podréis seguir mi trabajo en mi cuenta de Instagram: @uxusofia

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