Rostros texturizados (II)

Rostros texturizados (II)

Nuestros ojos solo contemplaban una sola imagen, nada más: el rostro asustado de Aitana, con unos ojos brillantes, fusionado con la textura de las hojas de un helecho. No entendíamos cómo podía estar nuestra amiga plasmada en la pared de la entrada, tampoco sabíamos si era una broma.

-¿Y ahora qué hacemos? -se atrevió a hablar Bill con un tono nervioso.

-Podemos llamar al casero, y así contarle lo ocurrido -sugerí.

-Vale. Vamos a contactar con él- Cedrick encendió la pantalla del móvil y procedió a llamar-. Buenos días- hasta ese momento no me di cuenta que no sabíamos cómo se llamaba nuestro casero- sí, mire, tenemos un problema en la casa… ¿podría venir?-. Despegó el teléfono de su oreja izquierda y nos miró a todos- dice que en un momento viene.

En un momento literal, el señor no tardó más de tres segundos en llamar a la puerta principal de la mansión. Sin darnos tiempo para abrir, nuestro casero se invitó solo a entrar con nosotros en la entrada. Mis amigos y yo, en ese instante, decidimos con una mirada inquisitoria que no nos gustaba para nada aquel comportamiento tan lleno de libertad por parte del dueño.

-Me habéis contado que tenéis problemas. ¿Podría saber cuales son?

Como no conseguíamos palabras para describir los sucesos, Matt fue el único con un quehacer inteligente, señaló la pared de la entrada para mostrar a Aitana.

-Oh, ya veo. Vuestra amiga ha sido agresiva con la casa- confirmó el señor en un tono muy prepotente. El asombro que nos desprendió se nos quedó congelado en nuestro rostro que nos convertía en muñecos de cera.

-¿Cómo qué agresión?- grité con voz agresiva, en menos de 24 hora no hubo agresión.

-Agresión jovencita, bien has oído- a cada sílaba se acercaba poco a poco a las tarimas de madera de la casa.

-Lo siento, pero no ha sucedido ninguna agresión- repitió Cedrick.

-Según me cuenta Rostros, anoche sufrió un altercado escabrosamente indignante- lo contaba con una oreja puesta en la pared-. Sí, lo que sospechaba, los jóvenes no sabéis cuidar los inmuebles que os dejamos los mayores. Vuestra amiga tiene su merecido. Mmm, y tiene pinta que al siguiente se aproxima su hora-nos miró a todos sin decirnos nada.

-¿Cómo qué su merecido? ¿Pero que altercado ha sido ese?-preguntó Bill sin mucha personalidad.

-Nada más ni nada menos que derramar agua a la madera, y aparte de eso, ni molestarse siquiera en limpiar.

-Eso no es ningún altercado escabroso- defendí yo- fue solo un accidente, apenas tenía fuerza para moverse.

-Eso no es excusa para tratar mal a un ser vivo- empezó a refunfuñar el casero- ¿acaso te gustaría que te empapasen y que se olvidasen de ti? Así se siente Rostros, poco valorada. Así qué cuidado con lo que hacéis o acabaréis como vuestra amiga.

-Este sitio está pirado- dijo absorto Matt- descubramos cómo traer de vuelta a Aitana y salgamos de una vez de aquí. Todo era demasiado bonito para ser verdad.

-Jajajajaj- se rio el casero en carcajada limpia- que ingenuos sois. No podéis salvar a vuestra amiga; los elementos orgánicos valen de alimento para Rostros, su perfil únicamente es para reflejar su alma. Como habéis podido comprobar muchas almas se han comportando indignamente en este lugar, de esa manera, nadie ha salido de aquí. Y vosotros tampoco saldréis, pues estáis enfureciendo a la casa.

Al parecer, todos nos quedamos más blancos que los glaciares del Ártico. Y desde ese momento no recordamos lo ocurrido. Por eso, te voy a contar el final que Rostrosnos susurra a diario.

Cuando escuchamos las palabras terminales del casero en nuestros oídos nos asustamos hasta tal punto que empezados a recoger todas nuestras pertenencias sin orden ni concierto. Corrimos de una esquina a otra esquina, de habitación en habitación. Nuestros nervios hacían que los sentidos se perturbaran, lo único inmovible era el señor. Solo se limitaba a contemplar nuestros movimientos, y a cada segundo dibujar una sonrisa cada vez más escalofriante. Al de media hora, logramos recoger todos nuestros objetos, y también los de Aitana. Nos juntamos en la entrada de Rostros, todavía con la compañía del casero.

-Bien, estamos todos, tenemos todo…-cortó la tensión Cedrick- entonces marchémonos de una vez.

Todavía sin poder decir nada, todos asentimos como si fuese nuestro capitán. Él fue el primero en girar abrir el pomo, pero no consiguió ni una pizca de movimiento, solo una quemadura de primer grado en su mano derecha.

-¡Qué demonios! ¡El pomo quema!

No podía ser posible, asique fuimos todos a intentar mover el poco para poder huir. Después de nuestro fracaso el señor se dispuso a hablar.

-Verdad que sois unos ingenuos. Rostros no os va a dejar marchar. Os habéis comportado como unas personas desagradecidas, corriendo de una lado a otro, gritando… ¿Pensáis acaso que esta casa no tiene sentimientos? ¿Pensáis que no está viva? Lo errores se pagan caro y en nada vais a estar como vuestra amiga.-Extendió los brazos como si estuviese poseído, y susurró algunas palabras en latín.

Al de pocos segundos, las tablas de madera se convirtieron en lazos marrones muy extensos para amarrarnos a nosotros. No duramos ni cinco minutos huyendo. Matt se tropezó, un lazo lo amarró, y mientras intentábamos salvarle los demás lazos nos capturaron también. Así, fuimos plasmados en la madera del pasillo del primer piso, tapados con una alfombra persa.

Uxue Martin

Me presento como una artista visual pelimorada. Aunque mi estudio oficial es el periodismo, la escritura creativa y la fotografía son mi pasión. De esta manera, podreís ver un poco de ellos en ElFósforo.es. También podréis seguir mi trabajo en mi cuenta de Instagram: @uxusofia

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