Leiva: Historia viva y por vivir

Leiva: Historia viva y por vivir

Días atrás recibí un mensaje de Sergio comentándome que estaba pensado en publicar alguna
pieza sobre Leiva. Agradecí que pensara en mi para realizarla, tal vez dudó, no lo sé. Pero me
sentí halagado. Ahora que me siento frente al papel encuentro una nebulosa de ideas que no me
dejan saber por dónde debería empezar.


Jose Miguel Conejo Torres “Leiva” me asaltó con su disco “Diciembre” (2012) tras arrasar dos
años antes con “Aviones”, el que fue el último disco de Pereza. Siempre había admirado su
música sin inmiscuirme demasiado. Pero “Diciembre” era diferente. Aquel disco encarnaba
toneladas de sentimiento y biopsia profunda a pecho abierto. Era su primer disco en solitario;
todos los instrumentos fueron grabados por él, y también fue auto-producido por Leiva. Él, él, él.
Eso es “Diciembre”. Si no lo has escuchado no pierdas de vista canciones como Aunque sea un
rato, Sudando la Tristeza (con la colaboración maravillosa de Quique González) o Vis a Vis. Esta
última sobre todo. Pasan los años y sigue siendo una joya (letra de Enrique Suárez).
Es increíble la cantidad de veces que Leiva me ha salvado del abismo o me ha acompañado en él.
Canciones como Francesita, Pólvora o Vértigo (dentro de “Pólvora”, su segundo álbum);
Electricidad, Guerra Mundial o Breaking Bad (“Monstruos”); o Como si Fueras a Morir Mañana,
Costa de Oaxaca o Big Fish (“Nuclear”). Hay un leitmotiv constante que consiste en desgarrase
por dentro con una sutileza musical médica, envolviéndolo en una melodía fulminantemente
adecuada. Y qué bonito queda, joder.

Una vez me confesó que “Diciembre” no había entrado en ni una sola radio del país. Parecía darle
igual, incluso es probable que lo dijera como quien dice que la sopa se ha quedado fría; mera
anécdota porque llenó todos sus conciertos en España y también en Latinoamérica. Y ya no era
Pereza: “Antes tocaba para deleitar, ahora toco para convencer” afirmaba en 2012. Pues poco
tiempo tuvo que andar convenciendo.


“Pólvora”, su segundo disco, arrasó. No era un disco tan personal, sino mucho más fino y cuidado.
No hay desgarro sino inteligencia emocional. Parece haber matemáticas detrás de cada arreglo.
Musicalmente se ha mantenido una tónica desde entonces en todos sus trabajos. Hay quien me
comenta: “Joder, parece que saque siempre el mismo disco”. Quien da con su fórmula, la agarra.
No está el mundo para tonterías. Pero que se diga misa, plena época del trapp y el reggaeton
pero este tipo tiene casi 40 años y agotó en 24 horas su tercer Wizink Center en 2019 (un total de
51.000 personas). Desde 2014 lo llena como quien llena un tazón de cereales.
Pero al margen del análisis musical y de las cifras. Hay algo que hace que Leiva lleve quince años
en lo más alto. Sin embargo parece que nunca se le reconoce. Nos da miedo hablar de leyendas
vivas como si para hacerlo debieran no estarlo. Pereza ya fue un grupo revolucionario, sin
precedentes ni sucesores en el pop-rock español. Salió en 2005 y Princesas sigue cerrando todas
las discotecas, bares, garitos, bodas y comuniones de España. Como un himno de despedida de
la noche. Pero ahí sigue. Y no importan los Grammys, ni los Goyas. Hay un hecho musical y social
incontestable que sitúa a Leiva como uno de los grandes de la historia musical española. Ha
influenciado a todos los grupos del panorama actual dentro del género. A todos. Y es casi misión
imposible encontrar a alguien que nunca haya ido a un concierto suyo. Desde este pequeño
rincón; reconocimiento absoluto de lo que para mí, es historia viva de la música. Ahora está en
medio de la gira de “Nuclear” y creo que no queda ni un jodido ticket.

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