CÓMO LA MÚSICA ME SALVA DE MÍ MISMA

CÓMO LA MÚSICA ME SALVA DE MÍ MISMA

La música me salva de mí misma. Sentada en la mesa de un Starbucks, con Ludovico en mis oídos.

la música me salva

Intentando buscar la inspiración para contaros el como la música forma parte inherente de mí. Cómo me saca de cualquier lugar para transportarme justo donde quiero, cuando quiero. Cómo me ayuda en mi día a día, porque sí, parafraseando a Nietzsche, “Sin música, la vida sería un error”.

Pensaba que sería más sencillo, al fin y al cabo es simplemente escu(l)pir palabras sobre “el papel”, pero no, cuando se trata de sentimientos, cuesta poner en orden los pensamientos para formular párrafos entendibles y lógicos.

Supongo que nunca me resultó fácil exponerme.

Desde que tengo uso de razón, la música ha formado parte de mi vida. Cuántas veces me cantaban mi madre y mis tías para distraerme y poder darme de comer (sí, era una niña difícil). El piano en casa de mi abuela que siempre me miraba deseando que le prestara atención. Las canciones en el coche con mi hermana. El tocadiscos de mi padre. Los conciertos que yo y mi imaginación infinita improvisábamos para pasar las tardes de lluvia en casa.

No recuerdo un sólo día sin música.

Si nos ponemos más científicos y menos poéticos (cosa difícil en mí), la música es una sucesión de señales acústicas que nuestros oídos recogen y envían al cerebro (estudio).

la música me salva

La música nos anima, nos relaja, nos entristece, nos alegra… tiene esa capacidad de cambiar nuestro estado de ánimo, es capaz de evocar el núcleo de las estructuras responsables de nuestro universo emocional. 

Es por ello que se utiliza en múltiples terapias (estudio 1, estudio 1.1, estudio 1.2, estudio 1.3), y sí, se consiguen resultados bastante favorables, así como avances en la recuperación de los pacientes.

En concreto quiero hacer hincapié en las terapias musicales dirigidas a personas con TCA (trastorno de la conducta alimentaria), porque sí, soy parte de ese (demasiado abundante) número de personas que padece un TCA.

Lo más difícil de sobrellevar este tipo de trastornos es la lucha constante y permanente que se tiene con uno mismo.

Para que lo entendáis, en mi día a día suelo dar saltos emocionales increíbles, de sentirme la reina del mundo a pasar a ser el último eslabón de una cadena imaginaria en cuestión de horas (incluso minutos).

Es por eso que utilizo la música como soporte y motor para intentar superar esos momentos de bajón.

¿Siempre funciona?, evidentemente no, pero ayuda.

Cuando la ansiedad llama a mi puerta, suelo acudir a mis compositores favoritos, dejo que las notas entren por mis oídos y vayan relajando cada parte de mi cuerpo hasta deshacer el nudo del estomago que intenta hacerme daño con sus ideas maliciosas y sus ataques non-gratos hacia mi persona.

Expresar mis sentimientos generando melodías con mi piano, con mi voz… hace que consiga transportarme a otro mundo donde soy capaz de vencer a mis demonios internos, hace que logre liberar la mente y volar. Y cada demonio que logro “matar”, es un paso hacia delante en mi lucha interna.

Como dije, desde que tengo uso de razón la música ha formado parte de mí, me siento en armonía con ella y es un “sentimiento” mutuo. Por mis venas corren los bemoles, los sostenidos y las escalas de do a do.

La música me salva y, por eso no concibo una vida sin ella.

¿Y tú, podrías vivir sin música?

Marta

Culo inquieto. Ojos color universo, besos sabor a mar. Malagueña y salerosa.

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