¿Me ayudas?

¿Me ayudas?

¡Hola! Me llamo Botella y te voy a contar mi historia.

Vivo en el mar Mediterráneo, exactamente en una isla similar al tamaño de Francia. Esta isla es diferente, ¿sabes por qué? No hay ni arena, ni hierba, ni piedras, ni cualquier elemento natural. Mis amigos y compañeros de residencia son al igual que yo polímeros, con distintas formas y composiciones.

Ahora os voy a presentar a mi mejor amigo, se llama Redecilla. Es muy majo la verdad, no obstante odia su trabajo, pues es un experto en ahogar y atragantar animales, entre ellos, los delfines y las tortugas. Ya sé que lo hace sin querer, pues no puede cambiar su forma. No es su culpa.

En nuestra kuadrila también vivía Microplástico. Al ser muy pequeño teníamos que prestar más atención. Cuando nos conocimos nos contó de dónde provenía y cómo llego a nuestro rincón en el mar. Fue creado para formar parte del dentífrico; después de servir para lavar los dientes se adentró en las cañerías para llegar a nuestro lado en esta maravillosa isla. Le echamos de menos; en mal momento se lo tragó un delfín.

Entre los polímeros que nos han dejado Bolsa fue un integrante muy importante. Según él, vivíamos en el paraíso, con el tiempo convirtió este lugar en su hogar, en total estuvo 70 años aquí, hasta que en una ventisca cayó en la cabeza de un león marino y se marchó con él.

Yo llevo menos tiempo en la isla. 20 años exactamente, y recuerdo muy bien mi primer día aquí. Yo vivía en una balda de un supermercado. Desde ahí podía contemplar todo lo que me rodeaba, por ejemplo, una cebolla envuelta en polímero. La verdad, me sentía identificado en aquel lugar, todos los vivientes ahí éramos parecidos, todos éramos plástico o era nuestra amigo.

Era feliz en el supermercado, hasta que llegó mi hora. Un cliente me compró y me llevó de viaje a la playa con sus amigos. Cada vez que alguien bebía de mi líquido llamado agua, me hundía más entre los granos de arena, y así acabé olvidado y vagabundo sin saber a dónde ir. La oscuridad se apoderó del día, puntitos blancos conquistaron el cielo, el frío se adentro por el mar y la marea alta se hizo notar llevándome con ella. Los primeros días deambulaba como un bote, pero en un momento inesperado no me pude mover más; me quedé pegado, sin salida a otros plásticos.

Han pasado 20 años. Desde entonces he pasado de ser la costa de esta isla ha formar parte del interior. Puede ser que ya no seamos parte de una isla, igual nos hemos convertido en un continente. Lo que tengo claro es que no puedo moverme, según los días se marchan no puedo ver el sol y no puedo morir. Mis amigos residentes me comentan siempre cual es mi esperanza de vida, cuando escucho sus cifras me abrumo. Es decir, todavía tengo 500 años, mínimo, por delante en la Tierra. Además, a la vez que me desintegro hago daño al océano, lo contamino.

Me queda vida, pero no la quiero y no sé cómo deshacerme de ella.

Y esa es mi corta historia. Espero que algún lector me ayude a salir de este problema.

¡Un saludo a todos!

Uxue Martin

Me presento como una artista visual pelimorada. Aunque mi estudio oficial es el periodismo, la escritura creativa y la fotografía son mi pasión. De esta manera, podreís ver un poco de ellos en ElFósforo.es. También podréis seguir mi trabajo en mi cuenta de Instagram: @uxusofia

Deja un comentario

Cerrar menú