El Buen O Mal Arte No Existe

El Buen O Mal Arte No Existe

(El buen o mal arte No Existe)Venía andando por la calle hace no muchos días, hacía calor y me dirigía a coger el autobús. Pensaba: Me he dado cuenta de que ya poca gente tiene la costumbre de coger el autobús. Cada día hay un transporte nuevo más cómodo y por menos dinero; en qué repercuta, si contamino más o menos, si me mal acostumbro a tener la comodidad siempre al alcance de la mano, si resulta que de ser barato tantas veces acaba resultando caro… Lo dejo para otro día. He estado en contra de ese tipo de pensamientos. Derivé de ahí si lo que nos espera es un futuro lleno de cosas baratas que terminan en grandes catástrofes sociales. ¿Y si nadie se para a estudiar la música, a indagar en ella y acabamos todos teniendo a Daddy Yankee como referencia musical? ¿Y si nadie llega a amar la cultura del cine y Los Vengadores se convierten en lo que antes era El Padrino? Va a parecer que pretendo ser el típico cultureta pero en realidad bailo reggaeton y me encantó “End Game”. Que conste que toco instrumentos desde que era un crío y que estudié un grado superior en dirección de cine y televisión; pero qué más da. 

 

Crucé la calle, ya solo quedaban un par de manzanas hasta la parada. Iba en piloto automático, sin fijarme en donde ponía el pie. Y seguía… He pasado años ignorando la cultura. Me daba igual Da Vinci, Rembrandt, Hitchcock, Stendhal, Warhol o los Beatles. Prestaba atención a lo que me daba la gana, sin indagar, ni curiosear; no lo creía ni si quiera necesario. ¿Canciones? Las que me enseñaban; ¿Películas? Las que echaban; ¿Artistas? Los que me obligaban a estudiar. Qué mundo más coñazo y qué bueno que hoy hay Champions. Pero también pasé otros tantos años creyéndome su dueño por haber comenzado a estudiarla, a entenderla y a crearla. Un poco de teoría de planos y ya salía del cine hablando de encuadres. ¿Vas a cine con los colegas y sales hablando de encuadres? ¿En serio? Eso debieron pensar, o al menos, eso pienso yo ahora. Se siente autoridad cuando nadie sabe de lo que hablas, pero tampoco es que alguien quiera saberlo. Cuando aceptas eso empiezas a llevar tus conocimientos por dentro; dejan de ser pretensiones sociales para ser algo verdadero. Lo que te dé la gana. Pero la pasión en esos casos se pierde por a boca.

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Me detuve en un paso de cebra y llegué a la conclusión de que si mi yo ignorante y mi yo cultureta hubiesen coincidido, serían agua y vinagre. Ya llevaba tiempo pensando en qué versión era mejor, en cuál tenía razón. Si la que despreciaba al mundo que vive su día a día, pensando no más allá que en aprobar un examen, la final de Operación Triunfo y el plan del viernes; o la que se adaptaba a lo que le venía y trataba de disfrutarlo, sin buscar ni pretender nada más que ser y estar. La pregunta parecía fácil pero era una putada ¿Reggaeton o Beatles? Menuda conclusión. Si lo piensas en realidad se parecen. Denominamos el reggaeton como música basura, fast food musical lo llamaba yo. No tiene profundidad, ni interés musical y es de menos categoría porque no te conmueve, no ataca a tus sentimientos más importantes ni te desgarra por dentro; solo roza la superficialidad. Pero los Beatles antes de 1965 hacía canciones de tres acordes. Las cantaba todo Dios, pero tenían el mismo interés musical que Ozuna y hablaban casi de lo mismo. “She loves you yeah, yeah, yeah”. Menudo mojón. Era el reggaeton de los sesenta. Los Beatles tenían veinte años entonces. El mismo rango de edad que yo ahora. Seguí caminando con el mismo calor  terrible. Pero de repente la canción que estaba escuchando terminó y empezó “Our Place”, un tema que descubrí por un anuncio de Estrella Damm. Empecé a observar y lo que antes era calor, ahora era verano; lo que era demasiada gente se convirtió en amigos/as tomando cañas frías en terrazas; incluso el sudor se convirtió en líquido refrescante. Entonces lo entendí. ¿Pretendes que un/a veinteañero/a que está descubriendo el mundo y vive en un frenesí constante piense en Tchaikovsky cuando vea una persona que le gusta o cuando se ponga un auricular? ¿De verdad pondrías a Beethoven como banda sonora de la vida de un adolescente? El arte lo creamos nosotros, todos nosotros.

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Lo que favorece que crees un tipo u otro es tu vida. Tus amigos, tu familia, tu dinero, tu país, tu edad. Los Beatles hicieron aquellas canciones porque les apetecía, porque hablaban de aquello que les ocurría día tras día. Y a todos los jóvenes les pasaba más o menos lo mismo. El arte no es inmóvil, fluctúa y varía con el tiempo. ¿”Como Dios” o “El show de Truman”? Son del mismo actor queriendo hacer una obra para entretener y pasar el rato; o queriendo participar en una crítica inmensa al mundo audiovisual. Obvio que esta última es de mayor calado, obvio que aborda un tema mucho más importante porque nos afecta directamente a todos de un modo brutal. Pero también quiero reírme viendo cómo Dios le da poderes y se dedica a hacer el idiota. Y me encantan los Beatles pero también me gustan antes de 1965 cuando cantaban el mismo estribillo sin parar. Ahí es donde reside la valía de lo cultural; el arte se adecúa a cada una de las vivencias, experiencias o estados de ánimo que tengamos. Porque todos los tenemos, no somos uniformes ni sedentarios. Para el ser humano la vida, la mente, las emociones, son nómadas y el arte lo hemos creado con iguales características. Todos nos identificamos con alguna de sus ramas porque siempre hay una canción para cuando estás triste y otra para cuando quieras bailar. Siempre habrá una película para ir a ver con los amigos, otra que disfrutarás solo y otra que te apetezca ir a ver en pareja. El buen o el mal arte no existe.

 

Para cuando llegué a mi propia resolución tenía la mente cansada. Mucho discurrir para un simple paseo de vuelta a casa. Estaba a cien metros de la parada de autobús. Vi que había una larga cola que indicaba otro retraso más en la línea. Saqué el móvil y cogí un Car2go. 

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